Felipe Pomar Surf y SUP Más allá del tiempo

Cuando Felipe Pomar sale remando, la edad desaparece.

A sus 82 años, el Campeón del Mundo de Surf de 1965 sigue enfrentándose a olas poderosas, no simbólicas, sino paredes de agua reales y en movimiento que muchos surfistas de la mitad de su edad verían desde el canal. Su reciente viaje a Australia, donde apareció en la televisión nacional y en una entrevista por podcast, fue algo más que una mirada nostálgica a una carrera legendaria. Fue una declaración: la longevidad en el surf no es un accidente. Es una disciplina.

De Perú al título mundial

Felipe creció en Perú en una época en la que el surf apenas existía allí. Sólo había un club de surf en todo el país. Nadador de competición en su juventud, nunca siguió la típica progresión de aprendizaje en olas pequeñas y tolerantes. Se metió directamente en olas grandes.

El miedo no era algo que hubiera que evitar, sino algo que había que aprovechar.

Esa mentalidad le llevó al Campeonato Mundial de Surf de 1965, donde se convirtió en el primer campeón mundial de Perú y en uno de los pioneros del surf internacional de olas grandes. Pero en muchos sentidos, ese logro a los 23 años ya no es la parte más notable de su historia.

Lo que define hoy a Felipe Pomar no es lo que hizo, sino lo que sigue haciendo.

Entrenamiento para la longevidad

Felipe no «se mantiene activo para su edad». Se entrena con intención.

Sigue el ayuno intermitente.
Se hidrata más que la mayoría de la gente.
Mantiene sesiones regulares de surf.
Trata la longevidad como un objetivo de rendimiento.

Su filosofía es directa e inflexible:

No esperas la longevidad. Te entrenas para ello.

Este enfoque constituye la base de su programa Surf Till 100, en el que comparte principios de mentalidad, disciplina y preparación física diseñados para mantener a las personas activas de por vida, no sólo en el surf, sino en cualquier práctica de movimiento.

Su objetivo es claro y característicamente audaz: seguir surfeando a los 100 años.

La Sesión Tsunami

Durante la entrevista, Felipe repasó una de las historias más extraordinarias de la historia del surf. Después de que un gran terremoto sacudiera Perú, remó hacia las olas generadas por el tsunami resultante.

No fue un acto de temeridad, sino de instinto: toda una vida leyendo el océano, confiando en su cuerpo y comprometiéndose plenamente con el momento. La historia capta algo esencial de su relación con el mar: no se trata de conquistar las olas, sino de comprenderlas lo bastante profundamente como para moverse con ellas, incluso en circunstancias extremas.

Disciplina a lo largo del tiempo

En la televisión australiana, Felipe habló menos de trofeos y más de hábitos: entrenamiento, recuperación, hidratación, mentalidad. Los fundamentos. Los mismos elementos que permiten a un atleta rendir a los 25 son, en su opinión, los que permiten a un ser humano seguir siendo capaz a los 82.

Su mensaje resonó mucho más allá del surf:

La edad no es el límite. El compromiso sí lo es.

En un deporte -y una cultura- que a menudo celebra la juventud, Felipe Pomar representa un modelo diferente de rendimiento. Uno en el que la experiencia se acumula, en el que la disciplina se convierte en libertad, y en el que el océano sigue siendo un compañero para toda la vida y no una fase de la vida.

Todavía remando

Lo que hace poderosa la historia de Felipe no es la nostalgia. Es la continuidad.

No está recordando lo que se sentía al surfear grandes olas.
Sigue haciéndolo.

Cada sesión de remo es un argumento silencioso contra la idea de que el rendimiento tiene fecha de caducidad. Cada sesión es la prueba de que la longevidad se construye, no se otorga.

Y en algún lugar de su mente hay un objetivo sencillo que parece imposible hasta que lo ves surfear:

Nuestro propio encuentro

Tuvimos el privilegio de pasar algún tiempo con Felipe hace muchos años en una remota isla de Indonesia y escuchamos sus historias de primera mano. El hombre es una auténtica leyenda y verle seguir adelante así es una verdadera inspiración.


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